Quedaos Aquí y velad Mc 14, 34-38
La oración no es otra cosa que la unión con Dios… Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos juntos, no se les puede separar. Yo lo miro y Él me mira. (Cura de Ars)
Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.» 35. Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. 36. Y decía: «¡Abba, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.» 37. Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? 38. Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
Siempre en nuestra vida de fe pero especialmente en este tiempo de cuaresma la Iglesia nos invita a orar, o si queremos más popularmente a rezar; pero rezar no es repetir oraciones o frases ya hechas, aunque estas nos puedan ayudar, orar es principalmente encuentro profundo entre Dios y el hombre, es diálogo de amor entre aquellos que se aman, el Creador y la criatura, es luz y calor que ilumina y da vida, es mirar y saberse mirado, y esto siempre como encuentro entre dos libertades, la de Dios que lleva la iniciativa de encontrarse con el hombre, y la del ser humano que desea comunicarse con Dios al que descubre muy cercano, dentro de su corazón. Orar siempre en la alegría y en la tristeza, sabiéndose escuchado porque tenemos necesidad de ser escuchados por Alguien. Sí la oración es importante yo diría que fundamental en aquel que quiere vivir la fe dentro de la Iglesia desde una opción personal por seguir e imitar a Cristo.
¿Jesús oraba?, parece que al menos en este texto del evangelio lo hace; siempre que me hago esta pregunta la primera respuesta que me viene es pensar que no, que en él no era necesaria la oración, esto por una cosa muy sencilla él es el Hijo de Dios, objeto de nuestra oración; sabemos que su vida es toda una vida de encuentro con el Padre, ni un solo momento lo encontramos lejos de Dios; vive, de esta manera, una actitud continua de oración, vive el ideal que nosotros cristianos podemos vivir; pero además descubrimos a poco que miremos en los evangelios que tiene tiempos fuertes de oración, momentos importantes en su labor como testigo definitivo del Reinado de Dios, que ya en su persona ha comenzado a hacerse visible; sí, Jesús se retiraba a rezar, en tantas circunstancias nos lo encontramos rezando, especialmente cuando tiene que tomar decisiones importantes, son muchas las veces en que los evangelios nos lo presentan en oración, así lo vemos en el monte, o en el Templo de Jerusalén, otras veces en la sinagoga; sí, Jesús rezaba aunque a mí a primera vista me parezca que no lo necesitaba porque él es objeto de nuestra oración, es alguien al que en nuestros momentos de oración nos dirigimos.
Pero Jesús no solo es el que ora, es además aquel que enseña a orar, es aquel que invita a sus discípulos a acercarse a Dios Padre, es el Verbo de Dios que les indica que Dios es su Padre y que nosotros que hemos llegado a ser hijos por su medio podemos llamar a Dios Padre y ser hermanos, hablar a Dios con la confianza de aquel que se sabe escuchado y amado, así ante la insistencia de los discípulos les enseña la oración del Padre nuestro, ora con ellos y ora por ellos, y les pide a ellos que oren para no desfallecer ante las adversidades.
Sí, Jesús oraba, es sujeto y objeto de oración, es el camino más seguro de encuentro con Dios, él siempre está conscientemente en la presencia del Padre; y solo por él con la fuerza del Espíritu Santo podemos encontrarnos y hablar al Padre, oración trinitaria, oración a un Dios total que viene a nuestro encuentro, un Dios al que podemos escuchar y al que podemos hablar, un Dios que anhela nuestro corazón, al que buscamos, él que da sentido a nuestras vidas, el que nos fascina y deslumbra ante su majestad y potencia creadora, aquel que nos ha redimido y que guía a todos sus hijos hacia un horizonte de plenitud y de salvación, Aquel que nos ofrece motivos para la esperanza ya aquí en esta vida pero que nos recuerda que hay otra mejor en la que ya posiblemente no necesitaremos de la oración porque ya todo será encuentro de amor con quien sabemos que nos ama recordaba Santa Teresa de Jesús.
A mí, personalmente, me gusta orar con aquella forma con que San Juan María Vianney oraba, desde la sencillez de aquel que delante de sagrario, presencia real de Jesús en la eucaristía, mira y se deja mirar, sí “yo lo miro y Él me mira” decía el Santo Cura de Ars, porque de eso se trata de mirar y de dejarse mirar, con lo que de significado tiene la mirada entre dos personas, con la fuerza del encuentro o desencuentro que tienen unos ojos que se miran o que no se miran, que se cierran o que se abren, que están ausentes o que lloran, que imploran o que odian, que tienen necesidad o que están satisfechos; llegar a descubrir esto es camino de oración que te lleva vivir en Dios y desde Dios, pero siempre serán necesarios lo momentos fuertes de oración, pararse ante Dios, buscar el camino adecuado y trabajar para dejar que la mirada de Dios me transforme, me haga nuevo y en la oración viva como aquella criatura nueva que se siente transformada; el único objeto de la oración cristiana es el amor de Dios y no podemos llegar a poseerlo con ningún otro método sino es el de mirar el rostro de Cristo y dejarnos mirar por él.
Jesús en el momento previo a su pasión y después de haber celebrado la cena pascual con sus discípulos, una cena que tiene sabor a despedida en la que entrega su cuerpo y su sangre en el pan y el vino, señal de la nueva y eterna alianza, en el que les recuerda que han de lavarse los píes unos a otros como él lo ha realizado, todo ello anticipación de la realidad de la cruz donde verdaderamente nos ama hasta el fin, ora fuertemente, tiene necesidad de orar al Padre porque ahora parece que todo entra en crisis, y lo hace con algunos de los suyos, con la iglesia que nace y de la cual los discípulos son fundamento y testigos de todo lo que han visto y oído junto al Maestro, lo ven orar, son invitados a orar con él Pedro y algunos más.
Su oración a solas con el Padre revela su ser de Hijo de Dios, su confianza total y su confianza en Dios, su Abba. Su oración hace posible nuestra oración, nuestra siempre posible comunión con Dios, la unión entre Dios y el hombre, su encarnación funda nuestras posibilidades de ser hijos de Dios, la encarnación es el fundamento de nuestra oración.
Su oración es aceptación y adhesión a la voluntad del Padre, a su designio de salvación, su oración es instrumento de salvación para nosotros, Jesús es el Hijo de Dios, el Cristo pero hombre que reza, modelo para nosotros en el orar